Dificultades de las Startups y el mundo de las aves

Voy a recuperar algo que escribí hace tiempo y sigue estando de plena actualidad.

Voy a contar una historia sobre manzanas, Startups y cuervos.

Un día un hombre fue al campo y vio un árbol en mitad de la espesura que le rodeaba. Se acercó y vio que en la parte más alta del árbol había una manzana. Era la fruta más espectacular que él había visto en su vida y decidió que tenía que ser suya.

El hombre empezó a buscar la forma de alcanzar su objetivo, pero por mucho que miraba a su alrededor, no encontraba la forma de alcanzarla. Golpeó el árbol, intentó subir, intentó tirar la manzana, pero todo le fallaba. Una red impedía acceder a la manzana.

El principal problema que se encontró el hombre fue que no buscó una respuesta al problema, sino que intentó aplicar la solución que él consideraba oportuna, sin pararse a pensar en lo que le impedía alcanzar su objetivo.

¿Y por qué cuento esto? Porque es el primer problema que se encuentran las startups cuando inician su camino. Las ideas son buenas, pero no se buscan preguntas adecuadas a las respuestas, se buscan respuestas a lo que ya existe y no nuevas preguntas a las inquietudes de los mercados. Al final no se alcanza la manzana porque no nos planteamos si realmente necesitamos la manzana o si lo que necesitamos es un medio para alcanzar un fin.

Pero las Startups no solo se enfrentan al problema de llegar a “alcanzar la manzana”, también se enfrentan al problema de los Cuervos que quieren que les cojas la manzana, porque pese a poder volar, una red les impide cogerla.

Estos últimos te ofrecen objetos brillantes ya que, claro, lo brillante nos gusta demasiado para decir que no.

Y el hombre, decide subir al árbol y estudiar la forma de coger la manzana, de quitar la red, de poder acceder a lo inaccesible y al final lo consigue. Le lleva la manzana al cuervo, pero éste ya no le da cosas brillantes, sino que picotea la manzana y se va.

Y lo que parecía algo que podría cambiar las cosas, se convierte en una pérdida de recursos y tiempo y, además, se pierde la manzana.

Esto es el pan nuestro de cada día, los cuervos que asedian cada día y que minan la capacidad resolutoria de los problemas y consiguen que el hombre deje de pensar en la manzana como fin de su destino y piense en la manzana como finalidad de otros… para quedarse sin nada.

Y por eso yo planteo la siguiente pregunta: ¿Merece la pena negociar con el cuervo para que él destroce la manzana (o no) o, por ende, es mejor escopetear al cuervo de manera preventiva?

2018-05-25T09:09:29+00:00

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